Street Fighter: Cody Rhodes y Roman Reigns llevan la lucha al cine
El filme busca respetar el espíritu arcade del juego, sin avergonzarse de él, apoyándose en Cody Rhodes y Roman Reigns

El panorama de las adaptaciones de videojuegos al cine ha cambiado de forma notable en 2026, con estrenos como Resident Evil que han elevado las expectativas, y Street Fighter llega con una misión casi imposible: estar a la altura. Dirigida por Kitao Sakurai y producida por Capcom y Paramount Pictures, la cinta busca respetar el espíritu arcade del juego sin avergonzarse de él, y para lograrlo se apoya en un recurso que los fanáticos de la lucha libre sabrán apreciar: dos superestrellas de la WWE en pantalla grande.
Roman Reigns, una amenaza que se siente
Joe “Roman Reigns” Anoa’i interpreta a Akuma, la entidad malévola que despierta cuando Ryu (Andrew Koji) gana el torneo World Warrior en 1987. Es una elección de casting casi perfecta. Reigns no necesita demasiado diálogo para imponer respeto: su sola presencia física transmite la sensación de peligro que el personaje exige. En una película que se mueve entre la comedia y el absurdo, Akuma funciona como la sombra constante que recuerda que Ryu carga con una fuerza oscura que no puede ignorar.
Quienes lo han visto dominar el ring como el “Tribal Chief” reconocerán esa aura de autoridad. Su participación no es la más extensa del reparto, pero es de las que dejan huella y confirma que el salto de la WWE al cine sigue ganando terreno.

Cody Rhodes, el flat top más comentado
Si Reigns aporta intimidación, Cody Rhodes aporta espectáculo. Como Guile, irrumpe en escena con su peinado flat top al ritmo de su tema musical, en una entrada que parece sacada directamente de un evento de lucha libre. El público reconoce de inmediato el guiño: el personaje, heredero de los héroes militares del videojuego, entra con la actitud de quien sabe que todas las miradas están sobre él.
Rhodes se divierte, y eso se transmite. Su Guile no busca ser sutil, sino icónico, y encaja a la perfección con el tono festivo que Sakurai le imprime a la película. Tremenda actuación y hay que reconocer su versatilidad frente a la cámara.

Anime en carne y hueso
Más allá de sus invitados, Street Fighter brilla en lo visual. Sakurai concibe las peleas como un anime en acción real: los personajes ejecutan sus movimientos característicos, lanzan bolas de fuego espirituales y aguantan castigos inhumanos antes de volver a ponerse de pie. Es un lenguaje que los seguidores de la lucha libre entienden bien, donde la exageración y el drama son parte del atractivo. La coreografía luce en el choque entre Ryu y Ken (Noah Centineo), con comedia física y una rivalidad fraternal con corazón. David Dastmalchian, como M. Bison, aporta un villano teatral que rinde homenaje a Raúl Julia sin caer en la copia.
Lo que no funciona
La película sufre por la acumulación de personajes. Balrog (Curtis “50 Cent” Jackson), Vega (Orville Peck), Dhalsim y Zangief quedan reducidos a cameos, y el torneo apenas muestra dos combates completos en la arena. Es frustrante en una franquicia cuya esencia es el duelo uno a uno, y también resta espacio para que Reigns y Rhodes brillen aún más.

Veredicto de Street Fighter
Street Fighter es caótica y desequilibrada, pero entretenida en la acción pura. La presencia de Cody Rhodes y Roman Reigns es un valor añadido para el público de la WWE y confirma que el espíritu de sala de arcade y el de la lucha libre comparten el mismo ADN.
Calificación: 3.5 de 5. Puedes verla cuando llegue al streaming, o en el cine si ya viste las otras películas en cartelera.



























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